El tiempo nunca alcanza. Para muchas mujeres —especialmente madres— el hogar puede ser un lugar de refugio o, a veces, una lista interminable de tareas. La buena noticia es que cambiar la mentalidad y los hábitos puede aligerar el día a día y dejar más espacio para el descanso y la familia.

La cultura del siglo XX nos mostró imágenes de madres sacrificadas que “debían llegar a todo”, pero los nuevos tiempos enseñan la importancia de cuidarse para poder cuidar a los demás. Escoger bien en qué poner la energía —por ejemplo, priorizando limpiezas estratégicas como la del sofá o los textiles que más usamos— ayuda a evitar sobrecargas y estrés innecesario.

Utilizar la tecnología, compartir tareas y aceptar que no todo necesita estar perfecto siempre también es liberador. No se trata solo de limpiar mejor, sino de vivir mejor y disfrutar lo que realmente importa. El sofá, ese protagonista silencioso, puede ser tu mejor aliado si lo cuidas de manera sencilla y consciente.

Consejos prácticos

La rutina puede ser un acto de autocuidado y libertad. Al final, lo importante es crear un espacio donde la familia disfrute más juntos y se sienta a gusto en cada rincón del hogar —incluido, por supuesto, el sofá.