
¿Sabías que existen diferentes formas de limpiar tu sofá y que no todas son iguales? Curiosamente, muchas personas solo descubren esto cuando ven cómo un profesional transforma un sofá que parecía “irrecuperable”. La tradición de limpiar muebles tapizados es tan nueva para la mayoría, que parece un secreto guardado por generaciones.
Hasta hace poco, casi nadie hablaba de limpiar el sofá. Crecimos viendo a madres y abuelas lavar las cortinas, las alfombras y por supuesto la ropa (hasta la que no está sucia), pero ¿ya viste a alguien limpiando su sofá en la infancia? Probablemente no, y ahí nace la idea: como el sofá está ahí “siempre igual”, no lo necesita. El resultado es una especie de “punto ciego doméstico”.
Tanto la limpieza estética como la limpieza en seco tienen beneficios y momentos ideales:
- Limpieza estética: elimina manchas, olores y devuelve la apariencia de nuevo. Es la recomendada cuando buscas renovar y desinfectar el tejido, eliminar restos de comida, polvo y suciedad superficial.
- Limpieza en seco: se adentra hasta 23cm, eliminando polvo, ácaros, células muertas y pelaje que se quedan atrapados, ideal para personas alérgicas o como mantenimiento frecuente.
Ambas técnicas se complementan: mientras una renueva y embellece, la otra cuida la salud del hogar en profundidad. El reto está en derribar el mito de que “no hace falta limpiar el sofá” y comenzar a verlo como la prenda delicada y utilizada que realmente es.
Consejos prácticos
- Observa el uso que das al sofá: ¿hay niños, mascotas, fumadores?
- Alterna limpiezas profundas (anualmente) con mantenimientos más frecuentes (cada 3-4 meses).
- Si notas manchas rebeldes u olores persistentes, la limpieza estética es tu aliada.
Tal vez no nos enseñaron de pequeños a cuidar los sofás, pero siempre hay tiempo de crear nuevas costumbres en casa. Quizás probar nuevas formas de limpieza sorprenda a más de uno… incluso al sofá de toda la vida.